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miércoles, 15 de septiembre de 2010

De Lehman Brothers a la huelga general

Todo comenzó con la caída de Lehman Brothers
hoy hace dos años. Desde el desplome de ese banco de inversión de EEUU y el consiguiente terremoto financiero mundial han pasado muchas cosas. La primera, los planes de salvación con dinero de todos los contribuyentes para bancos y entidades financieras que arriesgaron en exceso. Ya estamos los demás para pagar la factura. Hoy, dos años más tarde, el paro es el protagonista. Y parece que lo seguirá siendo durante mucho tiempo, según vaticinan incluso organismos a los que nunca antes parecía haberles importado este problema, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero las cotas de desempleo pueden incluso poner en peligro el sistema. Y eso ya es otra cosa. Lo cierto es que ya hace meses que el empleo no funcionaba. Pero es ahora --bueno, con unos meses de margen-- cuando los sindicatos han decidido convocar una huelga general, el 29-S ¿Es oportuna? Aunque el cuerpo o el corazón puedan decir que sí inicialmente porque todos nos oponemos a cualquier recorte de derechos sociales, lo que tiene que primar es el cerebro, la razón. Este paro no es oportuno. No es más que una maniobra cosmética y estratégica de los sindicatos para marcar distancias con el poder. Pero ellos son también poder, son sistema. No pueden negarlo. Son muchos años de connivencia, de formar parte del marco institucional, de, como alguna vez ha dicho el expresidente Felipe González (dichosos políticos que solo dicen lo que piensan cuando dejan la batuta), la "torta corporativa"que constituyen los políticos, los sindicatos y la patronales. ¿Hemos de seguir la mayoría las pautas que nos marcan unas organizaciones que, llegados a este punto y a pesar de tener un papel innegable, no persiguen esta vez más que justificar su propia existencia?

martes, 16 de marzo de 2010

Capitalismo de opereta

Nadie es perfecto, ni seguramente tiene por qué serlo. Ni siquiera los empresarios, por supuesto. Tienen todo el derecho del mundo a equivocarse, a cometer errores e incluso a quebrar. Pero lo del presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, tiene miga. Y no hablo solo de la intervención y liquidación de su aseguradora Mercurio o del cierre de Air Comet, que también; si no de su forma de pensar, de lo que representa. Es un hombre que en el momento álgido de la crisis llegó a pedir que se abriera un paréntesis en el libre mercado -seguramente pensaba en un periodo de ayudas con el dinero de todos para remontar y luego volver a ganar dinero y, claro, posteriormente no repartirlo-. Este es el líder de los empresarios. Me consta que la mayoría de quienes se consideran como tales no están muy cómodos con este representante, con ese expotente del capitalismo de opereta. Así no hay quien construya un nuevo modelo productivo como el que este país reclama a voz en grito ¿Por qué no chillan de una vez los empresarios de verdad, aquellos que se juegan realmente su dinero, los emprendedores, aquellos que generan empleo y que apuestan, no con el dinero de todos, si no con su propia inventiva, capacidad de esfuerzo e iniciativa? Probablemente es porque se dedican a trabajar, a sus labores. Pero ya va siendo hora de que estos se involucren, se comprometan y rompan, en la medida de lo posible, la que un día el expresidente del Gobierno, Felipe González -ya se sabe que los políticos solo dicen lo que piensan cuando están jubilados- denominó la "torta corporativa" nacida de la connivencia entre los representantes políticos, sindicales y empresariales. A esta responsabilizó de la esclerosis global que, a su juicio, padece no solo España sino toda Europa. Y algo de eso debe haber ¿Nadie es capaz de alzar la voz, y no para cantar una opereta, si no una buena aria de ópera? Cantantes tenemos, pero ¡son tan discretos!