La crisis tiene muchas repercusiones e incluso lo que podríamos denominar enfermedades sociales. Una de las más profundas y peligrosas es la tentación de poner barreras, es decir, de volver al proteccionismo. Otra, con connotaciones que van mucho más allá de las económicas, es la xenofobia o el temor u odio a todo lo extraño o extranjero. Finlandia es el último ejemplo de esta oleada de extremismos y lo curioso es que la proporción de población foránea en ese país nórdico es infinitamente baja comparada con otros estados europeos. Pero no es el único país que vive este delirante proceso. Baste con recordar a la hija de Le Pen y su ascenso en Francia. Y además estas ideologías y su asalto al poder tienen repercusiones enormes en el conjunto de Europa porque se imponen las políticas de introspección, de mirar lo propio, y de desdeñar lo ajeno. En resumen: "Quien tenga problemas que se apeñe" o "Nosotros, simplemente por ser nosotros, somos mucho mejores". Ante la falta de soluciones mágicas e inmediatas para el desempleo, la falta de actividad y otros síntomas de crisis calan los discursos e ideas de quienes prefieren culpar a terceros: "La culpa es de los inmigrantes". "Nos quitan el trabajo" "Traen la delincuencia"... Estas expresiones y afirmaciones suelen imponerse, a pesar de que son completamente falsas. O ¿acaso los autóctonos querían empleos que en la etapa de bonanza realizaban quienes venían de otros países y aceptaban trabajos por salarios de miseria? Los políticos hacen mal en dar la espalda a estos fenómenos y en no forjar discursos unitarios en favor de la democracia como mejor camino para salir de la crisis. Y no digamos cuando encima alientan estas posiciones extremistas por acción u omisión con el único objetivo de lograr un puñado de votos. Y también deberían meditar los votantes que tratan de castigar a los políticos y partidos establecidos dando su apoyo a estas fuerzas que luego ni desean ni quieren la democracia. Simplemente se sirven de ella¿Hemos olvidado ya que un auténtico monstruo como Adolf Hitler llegó al poder democráticamente con un discurso proteccionista y xenófobo?
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lunes, 18 de abril de 2011
Proteccionismo, xenofobia y otras enfermedades
La crisis tiene muchas repercusiones e incluso lo que podríamos denominar enfermedades sociales. Una de las más profundas y peligrosas es la tentación de poner barreras, es decir, de volver al proteccionismo. Otra, con connotaciones que van mucho más allá de las económicas, es la xenofobia o el temor u odio a todo lo extraño o extranjero. Finlandia es el último ejemplo de esta oleada de extremismos y lo curioso es que la proporción de población foránea en ese país nórdico es infinitamente baja comparada con otros estados europeos. Pero no es el único país que vive este delirante proceso. Baste con recordar a la hija de Le Pen y su ascenso en Francia. Y además estas ideologías y su asalto al poder tienen repercusiones enormes en el conjunto de Europa porque se imponen las políticas de introspección, de mirar lo propio, y de desdeñar lo ajeno. En resumen: "Quien tenga problemas que se apeñe" o "Nosotros, simplemente por ser nosotros, somos mucho mejores". Ante la falta de soluciones mágicas e inmediatas para el desempleo, la falta de actividad y otros síntomas de crisis calan los discursos e ideas de quienes prefieren culpar a terceros: "La culpa es de los inmigrantes". "Nos quitan el trabajo" "Traen la delincuencia"... Estas expresiones y afirmaciones suelen imponerse, a pesar de que son completamente falsas. O ¿acaso los autóctonos querían empleos que en la etapa de bonanza realizaban quienes venían de otros países y aceptaban trabajos por salarios de miseria? Los políticos hacen mal en dar la espalda a estos fenómenos y en no forjar discursos unitarios en favor de la democracia como mejor camino para salir de la crisis. Y no digamos cuando encima alientan estas posiciones extremistas por acción u omisión con el único objetivo de lograr un puñado de votos. Y también deberían meditar los votantes que tratan de castigar a los políticos y partidos establecidos dando su apoyo a estas fuerzas que luego ni desean ni quieren la democracia. Simplemente se sirven de ella¿Hemos olvidado ya que un auténtico monstruo como Adolf Hitler llegó al poder democráticamente con un discurso proteccionista y xenófobo?
lunes, 20 de septiembre de 2010
EEUU sin recesión
La recesión acabó en EEUU. Y lo hizo en junio del año pasado, según han determinado los expertos que se dedican a ello en la primer potencia mundial. Bienvenida sea la noticia, aunque se tan tarde. No sé si el presidente, Barack Obama, lo ve tan claro. Mientras que el desempleo siga en las cotas en las que está ¿se puede hablar de que ha acabado la crisis? Lo dice ya hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI): Los grandes indicadores pueden decir lo que quieran, pero el desempleo persiste y dibuja una cruda realidad social. Mientras que así sea, poco motivo tenemos para celebrar el final técnico de la recesión.
martes, 19 de enero de 2010
Paro ¿Hasta cuándo?
Seamos realistas. El problema del paro es una cuestión de larga duración. Lo recordaba el otro día el profesor de IESE, Juan José Toribio. En 1995, la tasa de desempleo alcanzó su máximo, por encima del 22%. En 1993 ya se encontraba en ese nivel. No fue hasta 2007, 11 años después del récord, que se situó en su nivel mínimo, el 8,3%. Ahora la tasa de paro está entorno al 20%. Si nos fijamos en las pautas del pasado, las noticias no son buenas. No es que el pasado tenga que repetirse de forema milimétrica, pero los datos no dan mucho pie al optimismo. Basándonos en los casos anteriores, el desempleo no llegará a su mínimo hasta el 2021 y no bajará hasta cotas del 10% hasta el 2016. Solo un crecimiento económico muy rápido e intenso podría romper estos pronósticos. Pero, tal como está la situación, por ahora, parece que eso es poco probable. Para que se genere empleo, el producto interior bruto (PIB) español debe crecer el 3% o el 4%, unas tasas que, en la actualidad, son poco probables y que no volverán hasta dentro de un tiempo --este año aún registraremos retrocesos del PIB en términos trimestrales al menos durante la primera mitad del ejercicio--. Es evidente que hacen falta medidas de estímulo económico muy potentes y de revolución del mercado laboral, en vez limitarse a esperar que el viento empiece a soplar a favor. Y para eso, una vez hecho un diagnóstico consensuado, tienen que darse pasos acordados por el máximo número posible de partidos y agentes económicos y sociales. Seguro que eso contribuiría a llegar a unos niveles de desempleo más decentes y en un plazo de tiempo mucho más corto.
viernes, 24 de abril de 2009
Algo hay que hacer con el paro
¿Hasta qué nivel de paro habrá que esperar para que no solo el Gobierno, sino el conjunto de los partidos se decidan a hacer algo? Una vez superado el listón de los cuatro millones y una tasa de desempleo del 17%, pienso que es la hora de actuar. ¿Es una huelga general la herramienta, como propugna algún sindicato? Tal vez si ha de servir para despertar conciencias...Pero pienso que lo ideal sería que el tema adquiriera dimensión de cuestión de Estado y que todas la fuerzas políticas se sumaran a la busca de soluciones para que estas no pudieran utulizarse como arma arrojadiza. El modelo que hemos tenido hasta ahora, basado en la temporalidad, no ha proporcionado ni estabilidad ni mejora real del poder adquisitivo de los trabajadores de ni de la productividad. Es evidente que hay que cambiarlo ¿No será que la solución viene por la vía de unos contratos más estables, que supondrían una mayor implicación del trabajador y, por tanto, seguramente un incremento del rendimiento? La contrapartida, como algunos expertos apuntan, deberían ser unos costes algo inferiores, pero sin que despedir fuera gratis o totalmente libre. Lo que está claro es que basarlo todo en los contratos temporales --lo más cercano al despido libre-- nos lleva a donde estamos hoy que, si no me equivoco, es precisamente donde no deseábamos estar.
martes, 14 de abril de 2009
¿Está lo peor aún por llegar?
A tenor de las últimas informaciones procedentes de organismos internacionales parece como si se empezara a detectar algún síntoma de mejora en la economía ¿Será tal vez porque las comparaciones son con respecto a un año que ya fue desastroso? ¿Será porque desde las instancias internacionales se trata de insuflar optimismo? ¿Será porque las bolsas llevan semanas de evolución positiva? Lo cierto es que las cosas no han cambiado mucho: Seguimos igual de endeudados y se sigue vendiendo menos de lo que se produce. Eso no ha variado. Es un mal estructural. Y expertos como el catedrático Santiago Niño Becerrra, que ya anticipó la actual crisis, vaticinan que los tiempos difíciles durarán más. En resumen, que lo peor está por llegar y que el paro se disparará hasta niveles casi insostenibles. En este escenario oscuro y repleto de pesimismo --ninguna crisis profunda se ha superado en menos de una década, recuerda Niño-- solo una espectacular mejora de la productividad y de la eficiencia destacan como notas positivas: Hará falta menos energía para producir, se contaminará menos...pero ¿qué sucederá con el empleo excedente, con los miles de puestos de trabajo innecesarios? Seguro que surgirán nuevas oportunidaes de negocio, nuevas formas de empleo que ahora ni siquierea inaginamos, pero, lo que es cierto es que nos esperan tiempos difíciles, un proceso doloroso de adaptación. En todo caso, no hay por qué ser pesimistas incurables pero tampoco hiperoptimistas e ilusos. La verdad seguro que está jsto en el medio.
domingo, 30 de noviembre de 2008
¿Quién está en paro, su vecino o usted?
Con el paro sucede algo parecido como con los accidentes. Eso siempre les pasa a los demás, no a nosotros mismos. En economía es habitual medir el nivel de una crisis por el desempleo. Se dice que cuando se habla de paro --así, en términos genéricos-- estamos en crisis. Cuando empezamos a enterarnos de que amigos o parientes lo están, nos hallamos frente a una recesión. Y cuando uno mismo carece de trabajo, estamos ante una depresión. Parece, como todas las cifras indican, que estamos en el segundo escenario, aunque seguro que si usted está en paro le parecerá que estamos ya en una depresión. Cada vez conocemos a más personas que están afectadas por el desempleo. La recesión es innegable. No lo olvidemos, como con los accidentes, que nadie tiene un seguro a todo riesgo, aunque lo pague. Tal como van las cosas, seguro que irán cambiando las percepciones. Las últimas encuestas reflejaban que una mayoría de españoles se sentían aún seguros con su empleo actual --¿habrán preguntado solo a funcionarios?--. Con el recrudecimiento de la crisis empezarán a haber parados por todas partes. Por eso se producen los esfuerzos --hasta ahora infructuosos --de la Administración. El objetivo es que se hable de paro --así, en términos genéricos-- como cuando la economía crecía a todo trapo y con un poco de suerte y de empeño, conseguir que se pueda acabar discutiendo sobre el pleno empleo. Eso es lo que se hacía cuando se construían más viviendas de las necesarias, el crédito se facilitaba sin controlar demasiado los posibles riesgos de impago y se compraban coches y cosas que luego apenas se empleaban. Había paro, pero era así, en términos genéricos, eran cifras --o eso parecían-- no dramas personales y familiares como los que ahora descubrimos. Eso, en el fondo, son los ciclos económicos. Ahora son amigos y conocidos los que están afectados por el desempleo. Y pronto podemos ser nosotros mismos. La economía es así para todos, menos para los funcionarios. Lo mejor será que las próximas encuestas se las hagan a ellos.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Que si los precios suben, que si bajan...
Esto es realmente desconcertante. La economía lo es. Hasta no hace muchas semanas, hablábamos de la amenaza de la inflación, es decir, de los riesgos de aumentos importantes y sostenidos del nivel general de precios. Ahora, por el clima de desaceleración --cuando no frenazo-- generalizado se empieza a mencionar la palabra deflación, que es el fenómeno contrario, es decir, la caída sostenida y persistente de los precios. Aunque parezca mentira, también tiene efectos devastadores porque, ante las expectativas generalizadas de que los precios se desplomarán más, las personas retrasan constantemente sus compras ¿Para qué comprar hoy un telvisor nuevo si mañana será más barato? ¿Para qué cambiar el coche si el mes que viene a lo mejor cuesta la mitad? Una crisis en la que se produce esta situación es un escenario terrorífico. De ahí los esfuerzos desde laas Administraciones por lanzar mensajes en el sentido de que se consuma, que se compre, de que no se deje para mañana lo que se pueda adquirir hoy. De lo contrario, vamos directos al precipicio de la espiral a la baja del que es muy complicado salir. Si no, que se lo digan a los japoneses. Ya saben. Si tenían previsto comprar, háganlo, si es algo que realmene desean o necesitan. Hay que sacar, como sea, al conjunto de la economía del tobogán de la deflación. No es malo que se abaraten los productos y servicios, pero es realmente nefasto que lo hagan constantemente. Eso también genera desempleo y una profunda depresión de la que es muy difícil salir.
lunes, 4 de agosto de 2008
Más paro, menos renta...
Los peores pronósticos se confirman. El paro registrado en julio fue el más alto en 10 años. Menos personas trabajando suponen menor renta disponible de muchas familias. Y ese sí que es un problema para una economía. El crecimiento del consumo no se resiente mientras haya empleo. Sí en cambio que se frena cuando los ingresos periódicos dejan de entraren losa hogares. Nos acercamos a los 2,5 millones de parados registrados en las oficinas de Inem. Está claro que lo peor de la crisis aún no ha llegado. Solo cuando el desempleo empiece a bajar podremos cantar victoria. Y eso está lejos de suceder todavía. El paro es uno de los peores aliados para el crecimiento. Cuantas más personas estén sin trabajo, menores posibilidades de crecer. Y una economía que en términos anuales crece menos del 1% cuando hace un año lo hacía casi el 4%, sigue generando personas sin empleo. Es como un círculo virtuoso, o vicioso, según como se mire. Si los peores augurios si confirman, como así parece, el desempleo, que viene en gran medida de una construcción frenada, pero también se otros sectores que se han visto contagiados, seguirá al alza al menos hasta mediados del año que viene. Mejor será que nos acostumbremos a las malas noticias antes de que lleguen.
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