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viernes, 18 de enero de 2013

Tenemos un problema


Pues resulta que tenemos un problema. En un país con seis millones de parados (o casi), familias desahuciadas y tasas de pobreza con tendencia al alza la corrupción se despliega con todo su esplendor. La guinda del pastel del desastre y la crisis. Y lo que es peor, la sensación de que la impunidad es tan absoluta para unos pocos como imposible para el resto. Tenemos un problema. Y grave. Quienes pagamos nuestros impuestos, padecemos a unos políticos y dirigentes inmersos en sus mundos virtuales y trabajamos cada vez más por menos porque nos dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades exigimos respuestas de una vez por todas. No basta con el "yo no he sido" o con el "quienes lo hicieron ya no son miembros del partido u organización". Y no digamos con el "no me consta" que ahora parece haberse puesto de moda ¿Cómo puede despegar una economía en la que la credibilidad y la seguridad jurídica ni están ni se les espera o están de vacaciones? ¿Cómo va a fiarse nadie del vecino? Ni amnistías ni indultos ni regularizaciones. Derecho, justicia, transparencia, controles y honestidad si queremos salir de este bache económico y moral en el que nos encontramos por tener unas clases dirigentes muy por encima de sus posibilidades.

jueves, 13 de mayo de 2010

Somos más pobres, pero ¿todos?

Como afirma Luis Garicano en su blog de Fedea, bienvenido sea el Gobierno a la realidad de la situación. No porque el plan propuesto por el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, sea el mejor --quizás incluso ni siquiera es el más idóneo--, sino porque supone una aceptación de la realidad. Pero ¿es suficiente? Si de pagar la factura de la crisis se trata ¿no habría que repartirla más? Muchos economistas, como Guillem López Casasnovas, lo han dicho. La equidad, la justicia, la distribución proporcional de los costes es esencial. Nadie puede aceptar sacrificios si estos no se reparten. Todo el mundo asume que somos más pobres que hace dos años y que debemos ajustarnos a la nueva situación. Pero para que eso se haga en paz hay que exigir esfuerzos también a los más poderosos. El hombro debemos arrimarlo todos. Y unos más que otros e incluso algo más que el hombro. Supongo que esa es una de las cartas de el presidente se guarda en la recámara para frenar una fuerte contestación social, pese al barullo en la política de comunicación que mantiene este Ejecutivo. De lo contrario..........