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martes, 24 de mayo de 2016

Supuestos y presupuestos

Los presupuestos, como el nombre indica, son eso: Unas cantidades que se prevén y que no suelen cumplirse. Los gastos suelen superar en mucho lo que se estimò y los ingresos acostumbran a quedarse cortos ¿Resultado? Déficit y deuda.

Y no lo digo por la Generalitat, que ha presentado este martes los suyos para lo que resta de ejercicio y cuyos ingresos están sujetos en gran medida a la discrecionalidad de los cálculos del Estado al determinar las cantidades que anticipará por los impuestos compartidos, como el IRPF o el IVA; si no como apreciación genérica.

Un ejemplo son las cuentas que dejó aprobadas el PP antes de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre. Nadie se las creía. Ni siquiera el propio Gobierno, pero las esgrimió como herramienta de estabilidad, seriedad y credibilidad. Nada más lejos de la realidad, como ya adelantó Bruselas y luego confirmaron los hechos. Los ajustes necesarios ya los llevará a cabo a quien le corresponda formar gabinete tras los comicios del 26 de junio, con cuatro años de legislatura por delante, al menos en teoría. Una forma de actuar muy habitual: patada hacia delante y ya veremos.

Y lo digo porque todo el mundo sabe que los presupuestos son cada vez más fieles a su propio nombre y se alejan, por tanto, a pasos agigantados de la seriedad. Una forma de que las autonomías puedan presentar unas cuentas más creíbles sería reformar el sistema de financiación, caducado desde hace dos años. Pero el Gobierno central ha preferido no abrir ese frente y seguir con una fórmula que todo el mundo sabe que no funciona.

En este contexto o bien se opta por decir que no hay quien cuadre los números, incluir ingresos que no se cree ni quien los redacta o elaborar un proyecto que, al menos sobre el papel, cumpla con los criterios establecidos, por ejemplo un déficit del 0,7% del PIB por parte de las autonomías. Es lo que ha hecho el equipo de Oriol Junqueras, el vicepresidente y 'conseller' de Economia de la Generalitat. Y eso en un contexto de crecimiento, pero con desaceleración con respecto al año pasado y complaciendo además a la CUP, que se autodefine como fuerza radical, de izquierdas y antisistema. Lo dicho, un presupuesto.

martes, 22 de julio de 2008

De negro al rojo


En solo un año, el Estado ha pasado de un superávit de más de 5.000 millones de euros a un déficit de más de 4.000, el primero en tres años. Es uno de los principales indicadores de que la economía no solo se desacelera sino que se ha frenado. Lo advertíamos hace unas semanas: Menor actividad, menos impuestos. Y así ha sido. La crisis que sufren las arcas autonómicas por la caída de ingresos procedentes de la actividad inmobiliaria ha impactado de llego en las cuentas del Estado. El encarecimiento del petróleo y unos menores ingresos por el IVA y el tributo que grava los beneficios de las empresas han devuelto a los presupuestos del Estado su color rojo tradicional. El negro era transitorio. No hay nada de malo en que el Estado gaste más de lo que ingresa cuando la economía va mal. Es una forma de animarla. Pero, mucho me temo, que medidas como los 400 euros --que en realidad son 200 en junio y 33,33 cada mes entre julio y diciembre-- poco harán por aumentar la actividad y, en cambio, han reducido la hucha del Estado. Por cierto, esa suma todavía no se ha computado en la ejecución presupuestaria hasta junio. Quizás por eso el secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos, Carlos Ocaña, ya admitía el pasado lunes que este año se puede cerrar el ejercicio con un déficit "moderado". Me temo que será más que moderado porque a los gastos como los 400 euros se sumarán fuertes aumentos de las partidas destinadas a cubrir el desempleo. Y cuando las cuentas no cuadran solo hay dos formas de que lo hagan: más ingresos o menos gasto. Las subidas de impuestos pueden ser un camino y advertencias como las de Bruselas en el sentido de que los carburantes y el tabaco están menos gravados en España pueden ser una excusa de gran ayuda en la actualidad para el Gobierno. Los impuestos indirectos son una posibilidad porque se notan algo menos que los directos, aunque inciden en el precio final y, por tanto, en el ánimo de los ciudadanos. En el otro lado, solo queda la posibilidad de recortar gastos corrientes, como salarios o compras de bienes y servicios, publicidad y demás porque reducir inversiones no haría más que desestimular aún más la economía. El vicepresidente económico, Pedro Solbes, tendrá que demostrar que puede cuadrar el círculo. Pronto verenos qué hace para que unas cuentas que se han teñido de rojo vuelvan al color negro o, al menos, reduzcan la intensidad de ese encarnado que tanto desánimo produce.

jueves, 19 de junio de 2008

Las cuentas no cuadran


Abrochémonos el cinturón porque las cuentas no cuadran. La crisis del ladrillo está dando un buen mordisco a los presupuestos autonómicos. Las comunidades están ingresando en torno a la mitad que hace un año por tributos relacionados con la actividad residencial --impuesto de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados (ITP y AJD)--. Esos más de 2.000 millones que han perdido las arcas territoriales en solo un trimestre y que amenazan con ser al menos 8.000 millones de euros en el conjunto del año-- ¿cómo se compensarán? El sentido común dice que solo hay dos vías: más ingresos, o sea, incrementos impositivos --el IVA u otros-- o bien recorte de gastos --¿cuáles?--. La tercera vía sería una mezcla de ambas, es decir, alguna alza impositiva invisible, como los gravámenes sobre los carburantes --aunque no parece el momento más propicio-- o las tasas --que siempre están ahí como recurso de emergencia-- , combinada con ajustes en determinados capítulos del gasto --por ejemplo la congelación salarial de los funcionarios, lo cual parece también complejo-- y partidas menos sensibles que las prestaciones sociales. Me decía ayer el representante de una autonomía que, en momentos de crisis y en una fase en la que hay que acometer una reforma del sistema de financiación autonómica, no arrendaba la ganancia al vicepresidente económico, Pedro Solbes. Eso es como decir que lo tiene crudo, igual que el petróleo, que no deja de subir y nos lo encarece todo. En definitiva, si las cosas no cambian en breve, me temo que si no cuadran las cuentas, el Gobierno, de una forma u otra, nos va a hacer devolver los 400 euros que nos prometió, porque, no nos engañemos, el dinero que pierden las autonomías acabará saliendo de la misma caja de siempre, bueno, perdón, de los mismos bolsillos.