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miércoles, 21 de mayo de 2014

Economía ficción

¿Puede un país que debe tanto como lo que produce en un año y que gasta más de lo que ingresa salir del hoyo de la crisis? Esperemos que sí. Pero seamos realistas y no nos dejemos embaucar por la euforia oficial. No tengo claro que lo que nos venden sea la verdad absoluta. Con un panorama financiero como el indicado es difícil de entender cómo encaja en todo esto la rebaja fiscal que promete el Gobierno ¿Si ingresas menos de lo que gastas cómo vas a rebajar impuestos? Entiendo los recelos de Bruselas. A no ser que el Gobierno guarde un as en la maga: la subida de tributos más 'invisibles', como los que gravan el consumo y los indirectos en general. De alguna manera hay que mantener o incrementar la recaudación. No olvidemos que una de las premisas de la tan cacareada reforma tributaria es que tenga un efecto recaudatorio neutro, es decir, que no reduzca la recaudación y que, como mínimo, la mantenga.Y el déficit público solo se puede reducir con más ingresos, menos gastos o una combinación de ambas actuaciones. El Gobierno, empujado por una atmósfera muy electoral, anuncia bajadas de impuestos y renuncia a recortes. Algo se calla o algo se guarda en la chistera. Y es que la otra vía para cuadrar el círculo que venden es un crecimiento explosivo, pero, con una economía que vive desde hace meses de la exportación a unos socios europeos que pierden fuerza y una demanda interna que a duiras penas logra despegar mientras se mantenga el nivel actual de paro, esta opción se intuye muy lejana. Es verdad que estamos mejor de lo que estábamos. Faltaría más. Pero de ahí a que vayamos como un cohete hay todavía mucha distancia. El optimismo es positivo. Incluso más incentivador y rentable y que el pesimismo. Pero no caigamos en las redes de la economía ficción. Seamos realistas, no ingenuos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La culpa es de la crisis

Tan recurrente como "Esto es lo que hay" cuando se trata de hablar de recetas para superar la debacle económica es culpar a la crisis de todo. Curiosamente quienes más echan mano del recurso son los banqueros o los exgestores de las cajas que desfilan durante las últimas semanas por una comisión del Parlament de Catalunya que mucho me temo que de poco va a servir. Buen pretexto han encontrado en la crisis. Resultará que su actuación nada tuvo que ver con la situación en la que nos encontramos en la actualidad y que desató una crisis financiera trasladada luego a la economía real en forma de paro y mayores niveles de pobreza. De sus palabras parece desprenderse que la crisis fue la causa del desastroso estado en el que quedaron muchas entidades. ¿Acaso no sería más el efecto de una gestión lamentable para los clientes y la sociedad y muy rentable para ellos mismos? A lo mejor hay algo de verdad en aquello de que todos somos responsables y en el  reiterado y lamentable latiguillo de que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Pero lo que seguro que es verdad es que unos, que suelen ser minoría, son mucho más responsables y cabalgaron sobre la bonanza económica más que otros, que suelen ser la mayoría. En todo caso podríamos pagar por nuestros errores como lo hacen ellos. Que nos reclaman deudas. "Pues lo siento, no puedo pagar. Es culpa de la crisis".

lunes, 3 de junio de 2013

Gobernador: ¿Y si trabajamos gratis?

¿El fin justifica los medios? Creo que no. El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, propone que el salario mínimo interprofesional (SMI) deje de operar en determinados sectores y para determinados colectivos ¿El motivo? Crear empleo. Pero esta contraprestación que en la actualidad es de 645,30 euros mensuales se estableció en su día como garantía mínima contra los abusos. Proponer suprimirlo, aunque sea solo en ciertos casos, suena a pretexto para acabar con algo que a algunos les resulta molesto. En definitiva, la crisis como excusa. Reduciendo el tema al absurdo, seguramente si estuviéramos dispuestos a trabajar gratis o, si me apuran, a pagar por hacerlo, aún sería más fácil encontrar empleo. ¿Por qué no instauramos el esclavismo, que en cierta medida ya existe como consecuencia de la precarización y el temor a perder el empleo? Para algunos, problema resuelto. No quiero ni pensar cómo resolverían algunos el tema del subsidio de paro o los costes del envejecimiento poblacional. ¿Es ese el modelo de economía avanzada al que aspiramos? Por cierto, no veo que el Banco de España diga nada de las retribuciones estratosféricas que se cobran en la banca, ni que proponga salarios máximos o que inste al Gobierno a regular el mercado hipotecario para acabar con una legislación hecha a medida del sector financiero, a pesar de que lo ha denunciado el Tribunal de la Unión Europea (UE). Al gobernador solo le preocupa el salario mínimo como receta para acabar con la crisis. Y lo que es peor, mientras descuida la vigilancia y la supervisión, a los que debería dedicar más tiempo y esfuerzos. A las preferentes y el despropósito de las cajas me remito.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Empresas sin gasolina ni reservas

El Cuarto Diagnóstico Financiero de la Empresa elaborado por la escuela de negocios EADA con el apoyo de la patronal Pimec alarma. Y no solo por la radiografía que ofrece con respecto al año pasado: caída de la facturación del 5%, desplome de la rentabilidad a niveles de los años 90 y por debajo del coste de financiación, estancamiento de la exportación, el 45% de las empresas con pérdidas de explotación --teniendo en cuenta que esta variable no incluye los resultados financieros, el porcentaje seguro que es mucho más elevado--... sino por lo que apunta de cara al futuro más inmediato. Las previsiones para este año son devastadoras. Solo el 13% de las casi 400 pymes consultadas prevén aumentar la plantilla. Sin confianza ni trabajo no hay demanda y, por tanto, tampoco inversión ni empleo. Es un círculovicioso que es preciso romper. Pero ¿quién debe hacerlo? No esperemos ni un céntimo de crédito de la banca, que recorre su particular vía crucis para fortalecer el balance sin medidas disuasorias por parte de los poderes públicos. Y cuando concede financiación lo hace a un precio muy por encima del Euríbor ¿Más consumo privado? Difícil con un paro desorbitado y creciente ¿Más consumo público? Difícil con unas administraciones públicas que están secas y que apenas han acometido una dieta de adelgazamiento sin la que no dejarán de consumir recursos de la forma más improductiva posible. El profesor de finanzas de EADA, Rafael Sambola, que es el autor del mencionado estudio sobre las empresas no ve más salida que los estímulos externos. No es el único que lo dice. Lo han hecho ya muchas voces autorizadas. Sin que Bruselas acometa planes destinados a resucitar la economía y la inversión, las empresas seguirán no solo sin gasolina sino sin reservas, como asegura el secretario general de Pimec, Antoni Cañete y presidente de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad. Por cierto, por si el panorama descrito no fuera suficientemente desolador, las demoras en los pagos siguen siendo un lastre que cuesta a las pymes unos seis millones diarios en gastos financieros, como recordó Sambola.

miércoles, 10 de abril de 2013

El tiovivo de la deuda


Que los bancos necesitan capital. Pues ahí está el Estado, vía inyecciones desde Bruselas, para echar un mano. Por si no tuviéramos ya suficiente deuda (casi el 300% del PIB entre la privada y la pública), se emitió más para echarles un cable. A su vez, las entidades financieras son las principales compradoras de estos títulos por los que cobran unos intereses elevados debido a la escasa credibilidad de la economía española para el resto de los inversores. Y pueden hacerlo gracias al dinero barato con el que el Banco Central Europeo (BCE) les financia. En conclusión, no han tenido ni pena ni castigo por su contribución al festín de la burbuja inmobiliaria de los últimos años como sí que han sufrido otros protagonistas de la actividad económica, especialmente muchos titulares de hipotecas; tal y como se desprende del último artículo de Andreu Missé, director la revista Alternativas Económicas (www.alternativaseconomicas.coop). Para la banca, por tanto, poco problema. Quien paga la deuda y sus intereses es la Administración, es decir, usted, yo y el señor del colmado de la esquina, que somos a la vez quienes satisfacemos los impuestos y difícilmente nos beneficiaremos de amnistías fiscales. Es lo que se llama colectivización de las pérdidas. Más bien seremos víctimas de alguna que otra subida tributaria para aplacar los temores de los acreedores. Lo recuerda José María Gay de Liébana (@gaydeliebana) en su libro España se escribe con E de endeudamiento (Ediciones Deusto, Barcelona, 2012). Gracias a todo ello, las entidades financieras pueden superar el bache y proteger los intereses de sus accionistas, pero no prestan ni a las familias ni a las empresas que les han echado un buen clave. Las primeras tienen cada vez más miembros en el paro, que requieren más recursos públicos, porque las segundas se ven forzadas a cerrar dado que carecen de crédito y porque los particulares y los hogares tienen cada vez menos capacidad de gasto. Y vuelta a empezar.Como un tiovivo. La única forma de romper el círculo sería abrir una vía de escape ¿Qué tal que las entidades en dificultades se busquen la vida? ¿Acaso no tienen dueños o accionistas?¿O es que alguien echa una mano al propietario de la mercería, la tienda de ultramarinos o la empresa viable que ha muerto asfixiada por falta de financiación y la caída de la demanda producida por el estallido de la burbuja inmobiliaria?

miércoles, 16 de enero de 2013

Datos, percepciones y realidades

Pues mira por donde el mismo día en el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, despliega ciertas dosis de optimismo en una entrevista en el Financial Times, los datos parecen apuntar hacia un récord, el de parados. Con una tasa de desempleo del 26%, se podrían haber superado ya los seis millones de personas desocupadas o estar muy cerca de ese umbral e incluso por encima. No es motivo de jolgorio y lo admite el propio Rajoy al destacar que el paro es el principal problema de la economía española. Con la caída de la prima de riesgo de la deuda española el viernes pasado, algunos ya prácticamente certificaban el final de la crisis. Es cierto que entre los últimos datos negativos y los primeros positivos de una economía suelen discurrir varios meses. Y son aquellos periodos en los que los ricos aún se enriquecen más al adquirir activos en su punto más bajo. Y que en materia de percepciones y valoraciones no hay fórmulas mágicas. Y que los finales de las crisis llegan despacito, pero con muchos dato previos que avalan el optimismo. Pero parece un poco precipitado echar las campanas al vuelo. Hay muchas debilidades, muchas cuestiones que penden de un hilo y que dependen más de fuera que de nosotros mismos (el resultado de las elecciones italianas, por ejemplo) y los políticos parecen más interesados en la actualidad en crear problemas para tapar realidades que en trabajar para solventarlos. Los mercados suelen sobrerreaccionar, para lo bueno y para lo malo y, en especial en situaciones tan frágiles como la actual. No hay que ser pesimista, sino cauto. Nada es más frustrante que torpedear las expectativas.

martes, 1 de enero de 2013

2013, año ¿nuevo?

No sé si el 2013 será de verdad un año NUEVO. Así lo espero. Pero para considerarlo así el paro debería bajar y empezarse a crear empleo de verdad. Para ello, el modelo económico tendría que basarse en primar el conocimiento, la creatividad y la innovación y eso requiere una apuesta decidida de unos políticos que, hoy por hoy, están más ocupados en la táctica de los recortes para salir del paso que en la estrategia del crecimiento futuro. No es, de hecho, muy distinto de lo que sucede en las empresas. Solo algunas además piensan a largo plazo. Llevamos años oyendo que hay que hacerlo, que el I+D es la solución a todos nuestros males, pero solo escuchándolo, apenas lo vemos, apenas detectamos una mínima insinuación por parte de los poderes públicos de que se quiere ir por el camino del crecimiento sostenible, no del parche constante. A su vez, los responsables del gigantesco desaguisado que nos ha llevado a todos a pagar una factura de miles de millones a una banca a la que luego no le tiembla la mano al embargar a quien deja de pagarle un céntimo de la hipoteca deberían pagar sus culpas. Pero, de verdad. Su delito, creo, es lo suficientemente grave como para que la purga sea relevante. Y es que los recursos públicos han de utilizarse para que el Estado sea realmente del bienestar y no del malestar. En el fondo, hay un deseo que, sobre el papel, es sencillo, pero que en la realidad los políticos ponen díficil: saber qué es lo que hacen con nuestros impuestos, con cada uno de los euros que pagamos a través del IRPF, el IVA, los impuestos especiales...  Y hay más: que la patronal CEOE pase a ser dirigida por verdaderos empresarios, aquellos que se juegan de verdad su dinero por un proyecto y que a la vez crean empleo; no por relevantes exponentes del capitalismo de amiguetes o liberales de lo suyo, que solo velan por sus propios intereses. La normativa hipotecaria debería proteger también a los débiles, no solo a los poderosos. Y me quedan cosas, muchas cosas, en el tintero. En cualquier caso, sé que poco o nada de esto será posible por falta de voluntad de quienes deben convertirlo en realidad, pero puedo decir que me he quedado muy a gusto. Que no sea solo un catálogo de deseos sino de futuras realidades. Feliz año ¿NUEVO?

domingo, 28 de octubre de 2012

Del paro al desahucio

Una media de de 500 desahucios diarios (350.000 desde que comenzó la crisis y sin visos de parar), más de 5,7 millones de parados y en camino ¿irremediable? hacia los seis millones... ¿No son esos motivos no solo para reflexionar sino para tomar decisiones como, por ejemplo, reformar las legislación hipotecaria, que data de hace más de 100 años? Hay una figura en nuestras leyes que es la cláusula abusiva (cuando una de las partes se aprovecha vilmente de la otra, para simplificar) ¿Acaso no es la situación que padecen muchos desahuciados con respecto a los bancos que, en su día, les prestaron el dinero, en muchas ocasiones, sin aplicar los mínimos criterios de control del riesgo y sentido común? Detrás de cada cifra se esconde un drama personal y familiar. Son una suma de individualidades y pequeñas colectividades que, con el tiempo, adquieren unas proporciones gigantescas y trágicas. Y, por lo que se ve, no merecen el derecho a ser rescatados, como sí que lo tienen los bancos ( más de 1.800 euros por español). Pero no es el único de los problemas que tenemos. Por ejemplo, la reforma laboral, al centrarse en abaratar la salida del puesto de trabajo, ha acelerado los despidos colectivos. Y eso son más personas sin recursos y futuros desahucios. Las medidas adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy hasta ahora, más que mejorar parece que empeoran la situación a pasos agigantados. Y la oposición socialista liderada por Alfredo Pérez Rubalcaba, noqueada, dando tumbos por el ring sin aportar recetas creíbles y distraída con sus propias batallas internas. Seguro que la solución no está en el enfrentamiento o en envolverse en banderas (sean del color que sean), pero seguro que tampoco se encuentra en el conjunto de medidas que el PP ha aplicado hasta la fecha sin más apoyo que el propio. La economía está agonizante, casi sin pulso. El paciente, el país, se asfixia. Necesita que los médicos (entiéndase, los políticos), una vez hecho el diagnóstico, aporten la terapia necesaria. Y con planes e ideas diseñadas de forma conjunta, si hace falta. Me niego a aceptar que la única medicina posible consiste en matar al paciente.

domingo, 14 de octubre de 2012

Uniones, desuniones y anestesias

Si Catalunya sufriera el drama del paro, recortes salariales, económicos y sociales debería concentrarse en combatirlos. Si España los padeciera, también. Por suerte, tenemos otras cuestiones de las que ocuparnos: los colores de las banderas, el patriotismo, las unidades sagradas y las desuniones osadas. Como no hay crisis, como a nadie le arrebatan la casa por impago de la hipoteca, como las listas de espera en los hospitales no se alargan y hay dinero en cantidad y sobrante para salvar a los bancos, podemos dedicarnos a esas cuestiones profundas (no digo que no lo sean). La unión, según unos; y la desunión, según otros, son una buena anestesia e incluso una forma de aliviar el dolor e incluso de hacernos la vida más llevadera... hasta que sus efectos se acaban.

martes, 4 de septiembre de 2012

Seamos austeros con la austeridad

Austeridad equivale a sencillez y moderación, así como rigurosidad en el cumplimiento de las normas, según el diccionario. Hay quien la confunde o identifica con recortar gastos. Evidentemente que la norma no puede ser gastar mucho más de lo que se ingresa. Pero ser extremista en este punto equivale a deprimir aún más una economía que ya está en declive. Y, lo que es peor, genera más paro que, si no estoy mal informado, es uno de los peores problemas con los que nos enfrentamos no solo en España. Lo advierten premios Nobel de Economía como Joseph Stiglitz o Paul Krugman. Ciertamente, son intelectuales que desde la derecha se identifican con postulados más socialdemócratas, pero acaso esos profesores de Harvard con los que el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Rommey, nutre su consejo de asesores económicos, tienen mejores soluciones anticrisis. No olvidemos que muchos de ellos formaron parte activa de la regulación --perdón, desregulación--  financiera que nos han conducido hasta donde estamos. En resumen si un consejo habría que dar a los líderes europeos es que sean austeros con la austeridad. Los extremismos, como cualquier exceso (comer o beber mucho), no suelen ser buenos consejeros. La virtud suele estar más en el medio.

viernes, 1 de julio de 2011

Exportaciones, bien; pero ¿y el consumo?

No paramos de estar contentos porque las exportaciones funcionan. Y es un un buen dato, excelente. Pero no debemos olvidar el peso que tiene la demanda interna, mucho mayor que el sector exterior, y esta no tira. Lo reflejan todos los indicadores, como las ventas de coches. Y de esta forma será difícil que se produzca una recuperación suficiente para generar empleo neto. El paro creciente desincentiva las compras y esos millones de pequeñas decisiones, desde aplazar la renovación del ordenador hasta demorar unas reformas en casa, no hacen más que agudizar la crisis y generar nuevo desempleo. Es un círculo vicioso, que no virtuoso ¿Cómo romperlo? Las rebajas que comienzan hoy pueden ser un test. A ver si la gente se anima a comprar. Hacen falta estímulos y confianza. Si tienes trabajo y unos euros de excedente, compra. Compra algo. A lo mejor así crecemos y creamos empleos porque si es por las medidas que deben tomar los políticos........

martes, 10 de mayo de 2011

Política industrial y chantaje

No todo vale. Y menos en política industrial que, al final, se hace con el dinero de todos. Es penoso y lamentable que las industrias y las empresas no accedan al crédito y ni siquiera a los avales. Pero no se puede recurrir a la presión, como ha hecho Ossa: "O me dejan dinero o me voy con la fábrica a otra comunidad autónoma", afirma este pequeño productor de apenas 1.000 motos anuales (¡Quién ha visto al clúster de dos ruedas catalán y quién lo ve ahora tras el anuncio de cierres de Yamaha o Derbi!). Es un estilo reprochable con intenso aroma a chantaje y presión a un Gobierno angustiado por el auge descontrolado del paro. Como también es condenable --aún más, si cabe-- Ryanair, que amenaza con marcharse de España si no le quitan las multas que le han impuesto. A la industria hay que mimarla, lograr retenerla para que haga negocio para crear empleo, pero con otros medios. No todo vale. Por eso tampoco se entiende que las Administraciones faciliten financiación o crédito a unos proyectos empresariales (Spanair, por ejemplo) y no a otros solo con argumentos más patrióticos que económicos ¿Cuál es el criterio? Y todo ello es aún más reprochable porque se paga con el dinero de todos y que, mientras que algunos pretenden subsistir con cargo al erario público, otros muchos se buscan la vida, se quedan en el paro, hipotecan sus casas o se venden el negocio para poder comer.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Impuestos, ricos y pobres

¿Es rica una persona que ingresa más de 120.000 euros al año? Creo poder afirmar con rotundidad que no es pobre, aunque ¿se le puede considerar rico? El Gobierno está convencido de haber hallado un filón en ese nivel de rentas, pero no por su cantidad (apenas son el 0,8% de todos los contribuyentes y suman la décima parte de la recaudación total), si no en términos de imagen. Porque, no nos engañemos, ese es el objetivo: El Gobierno socialista también hace pagar su parte de factura para superar la crisis a quienes más ganan. Y lo anuncia además apenas unos días antes de la huelga general del 29-S. Además la factura de este colectivo podrá llegar incluso al 51%, por ejemplo en Catalunya. Pero ¿son esos los ricos? Me temo que no, que los ricos de verdad no los encontraremos en el IRPF. Tienen mecanismos más que suficientes en el sistema fiscal legal para no estar o incluso para reservar tranquilamente su dinero en otros países. La idea que que pague más quien más tiene (progresividad) es tan antigua como el impuesto sobre la renta, como también lo es la costumbre de que quienes más tienen busquen vías para aligerar su carga tributaria. Y eso no cambiará de la noche a la mañana. No sé si esta medida prevista por el Gobierno provocará una pérdida o fuga de talentos como advierte en un informe el BBVA al hacer la coparación con la tributación en otros países vecinos; pero seguro que no permitirá eliminar el déficit público, el paro y otros males que nos afectan. La puedo entender como guiño a la mayoría y herramienta de marketing para tratar de demostrar que cada palo aguanta su vela para salir de la crisis. Pero, de ser así, ¿no hubiera sido mejor y más comprensible haber tomado esta decisión ya hace meses, como hicieron otros países como el Reino Unido, y también hacerlo antes de subir el IVA, un impuesto que castiga más esencialmente a quienes menos tienen? Como afirma el catadrático Guillem López Casasnovas, es una política fiscal de "más de lo mismo", de perseguir más a quien ya declara que a quien no lo hace. Porque los cierto es que sería mucho más justo, democrático y social incidir en el recorte de gastos superfluos y accesorios, aumentar la eficiencia en la gestión de dinero de los contribuyentes y redoblar los esfuerzos en combatir el gran fraude.

lunes, 20 de septiembre de 2010

EEUU sin recesión

La recesión acabó en EEUU. Y lo hizo en junio del año pasado, según han determinado los expertos que se dedican a ello en la primer potencia mundial. Bienvenida sea la noticia, aunque se tan tarde. No sé si el presidente, Barack Obama, lo ve tan claro. Mientras que el desempleo siga en las cotas en las que está ¿se puede hablar de que ha acabado la crisis? Lo dice ya hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI): Los grandes indicadores pueden decir lo que quieran, pero el desempleo persiste y dibuja una cruda realidad social. Mientras que así sea, poco motivo tenemos para celebrar el final técnico de la recesión.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

De Lehman Brothers a la huelga general

Todo comenzó con la caída de Lehman Brothers
hoy hace dos años. Desde el desplome de ese banco de inversión de EEUU y el consiguiente terremoto financiero mundial han pasado muchas cosas. La primera, los planes de salvación con dinero de todos los contribuyentes para bancos y entidades financieras que arriesgaron en exceso. Ya estamos los demás para pagar la factura. Hoy, dos años más tarde, el paro es el protagonista. Y parece que lo seguirá siendo durante mucho tiempo, según vaticinan incluso organismos a los que nunca antes parecía haberles importado este problema, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero las cotas de desempleo pueden incluso poner en peligro el sistema. Y eso ya es otra cosa. Lo cierto es que ya hace meses que el empleo no funcionaba. Pero es ahora --bueno, con unos meses de margen-- cuando los sindicatos han decidido convocar una huelga general, el 29-S ¿Es oportuna? Aunque el cuerpo o el corazón puedan decir que sí inicialmente porque todos nos oponemos a cualquier recorte de derechos sociales, lo que tiene que primar es el cerebro, la razón. Este paro no es oportuno. No es más que una maniobra cosmética y estratégica de los sindicatos para marcar distancias con el poder. Pero ellos son también poder, son sistema. No pueden negarlo. Son muchos años de connivencia, de formar parte del marco institucional, de, como alguna vez ha dicho el expresidente Felipe González (dichosos políticos que solo dicen lo que piensan cuando dejan la batuta), la "torta corporativa"que constituyen los políticos, los sindicatos y la patronales. ¿Hemos de seguir la mayoría las pautas que nos marcan unas organizaciones que, llegados a este punto y a pesar de tener un papel innegable, no persiguen esta vez más que justificar su propia existencia?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Conflicto de privilegiados

No quiero ser demagogo ni nublar mi comentario por los posibles inconvenientes que puede causar una huelga en mis vacaciones. Pero es que los controladores aéreos son unos privilegiados. En un contexto de crisis, con miles de personas en el paro y otras tantas con sueldos que apenas alcanzan los 1.000 euros al mes, surge el conflicto de un colectivo que supera con creces esas medias y que, con un ligero movimiento de protesta, como una huelga prevista entre el 18 y 20 de agosto, puede poner patas arriba la economía de un país que vive en gran medida del turismo. Y no digamos las vacaciones de miles de personas que llevan un año esperándolas. Gracias, señores. Se me ocurre que una de las pocas soluciones será abrir el mercado de los controladores, es decir, permitir que haya más profesionales y acabar con los vetos que imponen los ya existentes y que les han permitido vivir como potentados a lo largo de los últimos años. Entiendo que es una profesión importante, con grandes responsabilidades, como lo es también la de piloto de avión, la de médico, la de policía o la de bombero ¿Se les ha ocurrido a estos colectivos revinvidicar privilegios o ventajas, pese a disfrutar menos de ellas y, en cambio tener también, o incluso en mayor medida, en sus manos la vida de otros? No. O muy pocas veces. Pues ¿por qué tienen que hacerlo los controladores? Deberían explicarse mejor y poner todas las cartas sobre la mesa. De lo contrario jamás dejarán de ser vistos como un colectivo de privilegiados y se confirmarán los peores augurios: Que son unos señoritos, como afirma hoy algún colega en la prensa.

viernes, 23 de abril de 2010

Eficiencia energética y eficiencia en el empleo

Queremos crear empleo. Tenemos una elevada tasa de paro. Pues disponemos de la eficiencia energética como herramienta para generar puestos de trabajo. Y muchos. El uso de la energía es altamente ineficiente. Solo llega al destinatario final un tercio de la electricidad que se produce en las centrales eléctricas, el resto se pierde en los procesos de generación, transporte, distribución, los cables... Las posibilidades de mejora son muy altas. Un reciente estudio presentado por Schneider Electric, los distribuidores de material eléctrico (Adime) y los instaladores (Fenie) cifra el potencial de ahorro con pequeñas mejoras de eficiencia en más de 8.000 millones anuales, de los que unos 2.000 millones corresponderían a los hogares. Al margen de que son gremios y empresas que aspiran legítimamente a incrementar su volumen de negocio, son elementos que hay que tener en cuenta. El exvicepresidente de EEUU, Al Gore, se hace eco de todo ello también en su blog y recoge un informe según el cual por cada dólar invertido en eficiencia energética se generan 2,25 dólares en actividad económica y empleo. No está nada mal. Es un elemento que el Gobierno debería tener en consideración al hacer planes para estimular la economía y salir de la crisis. La eficiencia no es solo un elemento de actividad que ayuda a hacer lo mismo o más con menos sino una clave para prosperar y encaminarse hacia un desarrollo más sostenible.

martes, 19 de enero de 2010

Paro ¿Hasta cuándo?

Seamos realistas. El problema del paro es una cuestión de larga duración. Lo recordaba el otro día el profesor de IESE, Juan José Toribio. En 1995, la tasa de desempleo alcanzó su máximo, por encima del 22%. En 1993 ya se encontraba en ese nivel. No fue hasta 2007, 11 años después del récord, que se situó en su nivel mínimo, el 8,3%. Ahora la tasa de paro está entorno al 20%. Si nos fijamos en las pautas del pasado, las noticias no son buenas. No es que el pasado tenga que repetirse de forema milimétrica, pero los datos no dan mucho pie al optimismo. Basándonos en los casos anteriores, el desempleo no llegará a su mínimo hasta el 2021 y no bajará hasta cotas del 10% hasta el 2016. Solo un crecimiento económico muy rápido e intenso podría romper estos pronósticos. Pero, tal como está la situación, por ahora, parece que eso es poco probable. Para que se genere empleo, el producto interior bruto (PIB) español debe crecer el 3% o el 4%, unas tasas que, en la actualidad, son poco probables y que no volverán hasta dentro de un tiempo --este año aún registraremos retrocesos del PIB en términos trimestrales al menos durante la primera mitad del ejercicio--. Es evidente que hacen falta medidas de estímulo económico muy potentes y de revolución del mercado laboral, en vez limitarse a esperar que el viento empiece a soplar a favor. Y para eso, una vez hecho un diagnóstico consensuado, tienen que darse pasos acordados por el máximo número posible de partidos y agentes económicos y sociales. Seguro que eso contribuiría a llegar a unos niveles de desempleo más decentes y en un plazo de tiempo mucho más corto.

miércoles, 22 de julio de 2009

Economía ficción

Hace unos días que me pregunto qué sucederá cuando se agoten los 8.000 millones de Plan E destinados a obras públicas. Probablemente --y así se ha anunciado-- habrá otro plan similar. Apenas hay rincón de las ciudades y pueblos españoles en el que no haya vallas, aceras levantadas y obras, muchas obras. Es evidente que este plan del Gobierno ha dado empleo a muchas personas que, de no ser por este, estarían en el paro. En momentos de caída de la actividad es obligación de los poderes públicos estimular la actividad para que se pueda salir de la crisis. Pero ¿no la estamos estimulando en exceso? Es decir, ¿no estamos generando una actividad que, en el fondo, es ficticia y que está destinada a enmascarar la realidad por un tiempo? Veremos. Lo lógico es que a esta actividad forzada le releve otra que surja de la iniciativa privada y, para eso, la banca tiene que ponerse las pilas y empezar a abrir el grifo del crédito y a destinar parte del dinero que les confiamos en dar oxígeno a la economía. Eso sí, con todas las prudencias y cautelas de las que se olvidaron cuando otorgaban alegremente hipotecas en la etapa de bonanza. Está muy bien que entre todos, a través de los impeustos que pagamos, insuflemos actividad a la economía mediante la inversión pública. Lo contrario sería un delito de inacción por parte del Gobierno. Pero eso debe ser temporal. Los ciudadanos no somos los banqueros de la economía. A eso ya hay otras instituciones, los bancos y cajas, que se dedican profesionalmente aunque en la actualidad no lo parezca. El próximo frente de batalla debe ser invitarles y, si es necesario, forzarles, a que cumplan con su cometido. Y eso solo lo pueden hacer los gobiernos y los supervisores bancarios. El resto suficiente tenemos con quejarnos.

viernes, 24 de abril de 2009

Algo hay que hacer con el paro

¿Hasta qué nivel de paro habrá que esperar para que no solo el Gobierno, sino el conjunto de los partidos se decidan a hacer algo? Una vez superado el listón de los cuatro millones y una tasa de desempleo del 17%, pienso que es la hora de actuar. ¿Es una huelga general la herramienta, como propugna algún sindicato? Tal vez si ha de servir para despertar conciencias...Pero pienso que lo ideal sería que el tema adquiriera dimensión de cuestión de Estado y que todas la fuerzas políticas se sumaran a la busca de soluciones para que estas no pudieran utulizarse como arma arrojadiza. El modelo que hemos tenido hasta ahora, basado en la temporalidad, no ha proporcionado ni estabilidad ni mejora real del poder adquisitivo de los trabajadores de ni de la productividad. Es evidente que hay que cambiarlo ¿No será que la solución viene por la vía de unos contratos más estables, que supondrían una mayor implicación del trabajador y, por tanto, seguramente un incremento del rendimiento? La contrapartida, como algunos expertos apuntan, deberían ser unos costes algo inferiores, pero sin que despedir fuera gratis o totalmente libre. Lo que está claro es que basarlo todo en los contratos temporales --lo más cercano al despido libre-- nos lleva a donde estamos hoy que, si no me equivoco, es precisamente donde no deseábamos estar.