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domingo, 26 de septiembre de 2010

Innovación buena e innovación ¿mala?

La innovación es buena ¿quién lo duda? Pero no todo vale en nombre de ella. Como afirma Nouriel Roubini en su último libro Cómo salimos de ésta (Ediciones Destino, Barcelona 2010), tras la crisis que vivimos
y que, en el otoño del 2008 estuvo a punto de desplomarnos por un precipicio que por el momento parece que hemos evitado, se encuentra la innovación. En todas las épocas se han disparado los precios de determinados activos al calor de mejoras e innovaciones. Sucedió con el ferrocarril en el siglo XIX o con la burbuja de las empresas puntocom no hace ni siquiera 10 años. Tras una etapa de euforia colectiva y subidas astronómicas de precios, desaparecieron cantidades ingentes de empresas, pero otros sobrevivieron o dieron paso a proyectos más sólidos a la vez que las cotizaciones en los mercados recobraban cierta cordura a costa de atrapar a miles de inversores, como explica Charles P. Kindleberger en su ya clásico Manías, pánicos y cracks. Pese a la crisis y la criba de empresas consiguiente, siempre han quedado mejoras como herencia. En cambio en la crisis que vivimos hoy ¿qué ha quedado? Todo estalló por el uso abusivo de innovaciones financieras a partir del endeudamiento para adquirir inmuebles, hinchadas con deuda y más deuda. ¿Qué ha dejado todo ello? Pues pocos avances a diferencia de otras etapas históricas, ya que las supuestas mejoras en el sector financiero no eran más que una burbuja especulativa. Y más que mejoras, han dejado como herencia miles de millones de pasivos en los bancos y en la economía en su conjunto. Es por eso que podemos afirmar con rotundidad que existen innovaciones buenas que, son, por otra parte, imprescindibles para el progreso, pero otras que tal vez no son perniciosas por sí mismas, pero sí que pueden llegar a serlo por el uso que se les da.

jueves, 24 de diciembre de 2009

De las 'puntocom' a Lehman Brothers

¿No hemos aprendido nada? Un rápido examen a los acontecimientos de la última década, la primera del tercer milenio, refleja que, en materia de crisis, parece que no aprendemos. Casi comenzamos el aún vigente periodo de dos lustros con el estallido de la burbuja de las empresas tecnológicas en marzo del 2001. Muchas desaparecieron, pero quedan algunas, como Yahoo! o Google, que, tras 11 años de vida, es el actual poder dominante. Lo preocupante es que en 1998 habíamos caído y, por suerte, habíamos salido, de la debacle del Long Term Capital Management (LTCM), fondo altamente especulativo del que formaban parte incluso premios Nobel de Economía. Pero es que en el 2008, justo 10 años después de LTCM y siete después que la caída tecnológica, se produjo la que, hasta ahora, se ha calificado como la peor crisis económica de la historia o, si queremos, la única comparable desde el crack de 1929. Entre otros efectos, tras la caída de Lehman Brothers, ha supuesto la desaparición de la otrora superpoderosa banca de inversión. Espero equivocarme, pero nuestra capacidad de tropezar y con piedras cada vez mayores parece no tener límites y la de acabar pagando entre todos una factura por una fiesta de la que solo disfrutaron unos cuantos, también. Como el crecimiento desbocado, las crisis tienen sus ciclos. Y estos cada vez son más cortos, como lo es también la vida de las empresas que dominan: Microsoft, un invento de los años 80, tiene poder, pero lo ha visto reducido por el creciente liderazgo de una empresa, Google, que se fundó hace 11 años. Y hay más ejemplos, como Facebook, etcétera, etcétera. Si las cosas no cambian, nos espera una nueva década en la que a las etapas de bonanza les seguirán momentos de caída que, como no podía ser de otra forma, nos parecerán los peores de la historia. Eso será mientras los padecemos porque después, una vez recuperados del desastre, recobramos fuerzas y perdemos rápidamente la memoria para acabar de nuevo en un desastre. Todo esto forma parte consustancial del capitalismo, uno de los sistemas con más capacidad de regenerarse. Ya lo decía John Kenneth Galbraith: "la memoria financiera no dura más de 20 años". Muchos menos diría yo. Si no, al tiempo.

martes, 19 de mayo de 2009

Crisis: Nunca aprendemos

Como si fuera algo insólito, inédito. La crisis nos abruma. Como si fuera algo que nunca ha sucedido antes. Pero, nada más lejos de la realidad. Ya lo decía el maestro John Kenneth Galbraith: La memoria financiera no dura más de 20 años. En los últimos tiempos incluso menos ¿Ya nos hemos olvidado acaso de la crisis del Long Term Capital Management (LTCM) en 1998 o de la burbuja de las puntocom en el 2000, de la que no han pasado aún ni 10 años? Es probable que nos encontremos ante la peor de las debacles en los últimos 80 años, pero lo que es seguro, es que no es la primera crisis ni será la última. Cada vez se suceden con más frecuencia como nos recuerda el profesor Niall Ferguson, autor de libros como Dinero y Poder o The Ascent of Money. La historia es una auténtica guía y, al salir de la crisis actual, es probable que estemos cavando los cimientos para la próxima. Así es el capitalismo.